13/08/2008

what doesnt kill you makes you stronger

Esta es otra de mis frases favoritas.....

Definitivamente pienso que lo que no me mata me va ha fortalecer.

Muchas veces cuando me pasan cosas malas o cosas que no quiero me pasaran me pogo a pensar y llego a la conclusion que me suceden porque puedo soportarlas y asi poder crecer en base a la experiencia en base a lo que he vivido. poco despues pienso en lo que no me mata me fortalece. Y es cierto ya que si no nos morimos tenemos que seguir luchando y viviendo el dia a dia como podamos tratando siempre de hacer nuestro mejor esfuerzo para superarnos.

Un niño como muchos en Guatemala.

Hace ya un tiempo me tocó hacer un trabajo de entrevista a un niño de la calle de la Ciudad de Guatemala y quede tan satisfecha que espero les guste y les de otro punto de vista de los niños de la calle.


Un niño como muchos en Guatemala.


En la calle más conocido como “Chepito”, este niño se levanta a las 5 a.m. y alista todos sus utensilios para el día. Camina muchas cuadras hasta llegar a la calle Reforma, en una esquina donde trabaja; deja todas sus herramientas de trabajo, cierra los ojos, ora y le pide a Dios “que me vaya bien hoy Diosito, no quiero quedarme sin un quetzal esta noche”.

Sin saber matemáticas, pues no recibió educación alguna, sabe que tiene menos de 5 minutos (lo que dura el semáforo en cambiar de rojo a verde) para lavar los vidrios de los carros que pasan por la calle en donde trabaja. A él no le gusta mendigar o pedir limosna, “es como robar, pero decentemente” afirma. También dice “el agua la tengo que sacar de una manguera donde riegan las plantas”; e inmediatamente la hecha en el balde que le tiene que durar hasta la noche porque la señora que le da permiso de agarrar el agua le cobra si pide más.

La esperanza de Chepito se enciende como el semáforo que ahora está en rojo, pero le dura tan poco, como el tiempo que dura el semáforo cuando está en verde. En pocos minutos, empieza a limpiar los vidrios de los carros, muchas veces le pitan o le tiran el carro casi a punto de atropellarlo para que no lo limpie, le suben la ventana y se le quedan viendo con tristeza y agonía, lo cual afirma que no le gusta ni le disgusta que se lo hagan y aclara que el solo esta haciendo su trabajo como muchos otros.

Son las 17:30, ya se acerca la noche, y Chepito no ha recibido mucho dinero, pero dice que “me sirve para comprar una coca y unas tortillas con carne o pollo en un comedor que queda en el camino a mi casa; y lo que me sobre se lo doy a mi mamá”. Su mamá trabaja cerca que la calle donde Chepito trabaja.

Cuántas veces llegamos cansados del trabajo o vemos a nuestros familiares llegar muy cansados, a veces enojados y otras veces muy callados después de una larga jornada; en cambio, Chepito siempre tiene un ánimo gigante, una esperanza diaria, y sobre todo un empuje a hacer las cosas que varios adultos en otras situaciones no harían. En realidad este niño me impresiona me llena de energía saber como existe gente como él, y que nadie le preste aunque sea cinco minutos para conocerlo.

Así puede ser la situación de varios niños que trabajan en diferentes calles de la ciudad de Guatemala; unos pueden sufrir más que Chepito, otros menos que él. Lo que yo puedo decir es solo un pedazo de lo que viven los que jamás son escuchados, lo que gracias a unos pocos quetzales les ayudados para sobrevivir; pero muchos no nos damos cuenta de su sufrimiento, de la realidad que viven aquellos niños, una realidad que parece ser distinta a la nuestra, sin embargo habrá que darse cuenta de que hasta que no nos preocupemos por escuchar a los demás; y romper esa indiferencia, la situación de nuestra Guatemala no va a mejorar.