Uno de mis pocos viajes en camioneta, burra, bus, roja, y ahora transmetro; fue
Una “pato aventura. Normalmente no uso este medio de transporte pero debo admitir que varias veces me ha tocado subirme a uno.
Recuerdo cuando era pequeña todos los viernes con mi hermano íbamos en camioneta a rentar películas. El lugar no quedaba muy lejos, si mucho eran 3 kilómetros, pero ir en camioneta era toda una diversión y aventura. Era muy alegre desde estirar la mano para hacerle la parada al chofer, hasta aprender a tirarte al bajar ya que los camioneteros no paraban. Recuerdo yo siempre saltar para poder llegar al timbre y avisar que iba a bajar, nunca llegaba.
Una de las últimas veces que subí una camioneta, fue hace como un mes. Esta vez ya viajaba sola, ya llegaba al timbre que ahora no tienen las camionetas así que creo que crecí un poco tarde. Mi trayecto no era muy largo si mucho unos 5 kilómetros. La camioneta estaba descansando en la parada y así esperando a que subiera gente. Para ser sincera con un poco de miedo e ignorancia fui a preguntar cuanto me iban a cobrar. Subí y me senté. A los 5 minutos arranco con más o menos 8 pasajeros, la mayoría de ellos hombres. Mi paranoia me invadió, pero me trate de hacer la loca. Supongo que funciono pues me tranquilice. Dos paradas después se subieron más mujeres, así que tranquila.
El chofer manejaba despacio, muy despacio. De repente pasa otra camioneta a la par un poco más rápido y empiezan a pelearse los pasajes, algo normal entre ellos. No me molesto que fueranos rápido pues íbamos muy despacio. Pero después se le paso la mano.
Me tocaba bajarme en la siguiente parada y dudaba si iba a parar por la competencia de pasajes, así que me paré y espere a llegar a la otra parada. Finalmente llegamos, después de que el chofer me había preguntado que si bajaba a la próxima. A duras penas paro, pegue un salto y me baje.
Cuando baje di un suspiro ya que la paranoia que me ha heredado mi madre es matadora. Ya sentía que alguien me llegaba a quitar mi celular y los escasos centavos que me habían dado de vuelto. Pero al final de todo me pareció una buena experiencia que para muchos esto es algo cotidiano y de la vida normal, pero para mi fue toda una aventura.
Eso si una de las cosas mas interesantes de ese corto viaje fue lo que la gente “pela” en las camionetas. Los chapines le ven hasta de que color lo lleva. Van platicando en la camioneta pero al final no se dan cuenta de que hay gente escuchándolos. Eso es una de las cosas que mas me gusta de subirme a una camioneta. Es oír lo que la gente va hablando y como se expresan.
Una “pato aventura. Normalmente no uso este medio de transporte pero debo admitir que varias veces me ha tocado subirme a uno.
Recuerdo cuando era pequeña todos los viernes con mi hermano íbamos en camioneta a rentar películas. El lugar no quedaba muy lejos, si mucho eran 3 kilómetros, pero ir en camioneta era toda una diversión y aventura. Era muy alegre desde estirar la mano para hacerle la parada al chofer, hasta aprender a tirarte al bajar ya que los camioneteros no paraban. Recuerdo yo siempre saltar para poder llegar al timbre y avisar que iba a bajar, nunca llegaba.
Una de las últimas veces que subí una camioneta, fue hace como un mes. Esta vez ya viajaba sola, ya llegaba al timbre que ahora no tienen las camionetas así que creo que crecí un poco tarde. Mi trayecto no era muy largo si mucho unos 5 kilómetros. La camioneta estaba descansando en la parada y así esperando a que subiera gente. Para ser sincera con un poco de miedo e ignorancia fui a preguntar cuanto me iban a cobrar. Subí y me senté. A los 5 minutos arranco con más o menos 8 pasajeros, la mayoría de ellos hombres. Mi paranoia me invadió, pero me trate de hacer la loca. Supongo que funciono pues me tranquilice. Dos paradas después se subieron más mujeres, así que tranquila.
El chofer manejaba despacio, muy despacio. De repente pasa otra camioneta a la par un poco más rápido y empiezan a pelearse los pasajes, algo normal entre ellos. No me molesto que fueranos rápido pues íbamos muy despacio. Pero después se le paso la mano.
Me tocaba bajarme en la siguiente parada y dudaba si iba a parar por la competencia de pasajes, así que me paré y espere a llegar a la otra parada. Finalmente llegamos, después de que el chofer me había preguntado que si bajaba a la próxima. A duras penas paro, pegue un salto y me baje.
Cuando baje di un suspiro ya que la paranoia que me ha heredado mi madre es matadora. Ya sentía que alguien me llegaba a quitar mi celular y los escasos centavos que me habían dado de vuelto. Pero al final de todo me pareció una buena experiencia que para muchos esto es algo cotidiano y de la vida normal, pero para mi fue toda una aventura.
Eso si una de las cosas mas interesantes de ese corto viaje fue lo que la gente “pela” en las camionetas. Los chapines le ven hasta de que color lo lleva. Van platicando en la camioneta pero al final no se dan cuenta de que hay gente escuchándolos. Eso es una de las cosas que mas me gusta de subirme a una camioneta. Es oír lo que la gente va hablando y como se expresan.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario